Bereshit 2:5-11 (2:8-14) – La plantación del huerto

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BERESHIT 2:5-11 (2:8-14)
LA PLANTACIÓN DEL HUERTO


Bereshit 2:5-11 (2:8-14) – Y יהוה Elohim plantó un huerto en Eden, en el este; y cuando hubo moldeado al hombre, lo puso allí. Y יהוה Elohim hizo brotar del terreno todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; y el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento bueno y malo. Y de Eden salía un río para regar el huerto, y de allí se dividía y era para cuatro cabezas. El nombre del uno: Pishón; él recorre toda la tierra de Havilah, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y piedra de ónice. Y el nombre del segundo río es Guihón; él es el que recorre toda la tierra de Kush. Y el nombre del tercer río es Hiddéquel; él es el que anda al este de Asur. Y el cuarto río es el Perat.


Lo primero que nos revela este fragmento es otra acción de יהוה, Él plantó un huerto. Mientras que en la formación del hombre se da a conocer como alfarero, en la plantación del huerto se da a conocer como agricultor, un detalle que no podemos pasar por alto, pues por medio de ambos oficios, como ya hemos visto en el caso del alfarero, se establece una relación entre יהוה y su pueblo. Por tanto, debemos ir conociendo a nuestro Elohim acorde a la revelación con la que nos vamos encontrando.

Vemos también que plantó el huerto en Eden, de modo que, por un lado tenemos un huerto, y por otro tenemos una región que es Eden. Así que el huerto no es Eden, sino que está en Eden, concretamente en el este o al nacimiento del sol (Bemidbar/Números 34:15), una referencia cardinal que nos puede ayudar a ubicar el huerto.

Después continúa diciendo: cuando hubo moldeado al hombre, lo puso allí, esto es en el huerto. Así que יהוה primero plantó el huerto, luego moldeó al hombre, y después puso al hombre que había moldeado en el huerto que había plantado. Esta idea se repetirá en el verso 12 (15), donde además se nos dirá el propósito por el cual lo puso allí, estableciendo así una relación divinamente ordenada entre el hombre y el huerto.

Vemos también como יהוה Elohim hizo brotar del terreno todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer, así que el autor de toda creación siempre es יהוה. Él es quien hizo brotar los árboles con dos características principales: eran deliciosos a la vista, y eran buenos para comer, y según se desprende del verso 13 (16), estos árboles estaban en el huerto. Luego, de todos ellos, menciona explícitamente dos: el árbol de la vida, y el árbol del conocimiento bueno y malo,[1] cuyo sentido también quedará definido más adelante, concretamente en los versos 13 y 14 (16 y 17), y por supuesto en el capítulo 3, y trabajaremos con ellos cuando llegue el momento. Eso sí, en este punto vale la pena notar que sólo uno de ellos está en medio del huerto, se trata del árbol de la vida.[2]

Por último, este fragmento nos dice que de Eden, salía un río que regaba el huerto, y que de allí se dividía en los siguientes cuatro ríos.[3]

  1. Pishón. Este recorre la tierra de Havilah, una tierra donde hay oro, bedelio y ónice.
  2. Guihón. Este recorre toda la tierra de Kush/Cus.
  3. Hiddéquel. Este anda al este de Asur/Asiria.
  4. Perat, también conocido como el Éufrates.

Seguramente, en la época en que esto fue escrito, estos ríos eran conocidos y permitían ubicar al oyente-lector la región de Eden, incluso el huerto. Sin embargo, en nuestros días no nos es posible hacerlo. El hecho de no tener una referencia exacta del río Pishón, ni tampoco del Guihón,[4] aunque sabemos que recorría la tierra de la actual Etiopía, imposibilita determinar dónde estaba el huerto. A lo más que podemos llegar es a una ubicación muy general en el alta o la baja Mesopotamia, por las referencias de los dos últimos ríos, pues de ellos sí sabemos con certeza que corresponden al Tigris y al Éufrates. Ahora bien, aunque el texto no permite ubicar Eden, el texto sí revela que una vasta región de tierra era regada por estos ríos que procedían del huerto de יהוה. Algo que tiene mucha relación con lo que veremos a continuación.

Como vimos en la introducción general del presente comentario, hay varias maneras de interpretar el libro de Bereshit. Hablamos de tres maneras de hacerlo: la interpretación literal, la simbólica o tipológica, y la interpretación profética. Cada una de ellas va apareciendo, como ya hemos visto a lo largo del capítulo 1, en mayor o menor medida, algo que también ocurre en este capítulo. Según la interpretación literal, el huerto de Eden es justamente eso, un huerto, un terreno lleno de verduras, legumbres, hortalizas y árboles frutales que יהוה Elohim plantó en un lugar llamado Eden. Sin embargo, por las razones que explicaré a continuación, el huerto también funciona como un símbolo de una realidad mayor, la cual nos apunta a una realidad futura. Por tanto, en este fragmento tenemos de nuevo la interpretación simbólica y profética.

Ahora bien, ¿qué es lo que el huerto representa? ¿Y por qué debemos aceptar que el huerto es un símbolo de esa realidad? En cuanto a la primera pregunta, debemos entender que el huerto es un símbolo de la casa de יהוה, entendiendo casa como el lugar de su presencia, donde Él habita en su creación, y se reúne con el hombre para comunicarse con él. Existen al menos 3 buenas razones para aceptar esta idea, las cuales responden a la segunda pregunta.

Bienvenido al origen.


[1] A pesar de que יהוה prohibirá la ingesta de su fruto, se asume que este árbol tenía las mismas características que los demás; es decir, el hecho de que estuviera prohibido no implica que no fuera un árbol delicioso o no pudiera ser una fuente de provisión. Por tanto, vemos como no siempre lo que יהוה prohíbe tiene una apariencia desagradable o parece “incomestible”; pero sin embargo, independientemente de su apariencia y lo mucho que pueda proveer, si יהוה dice que trae muerte, es que trae muerte.

[2] Afirmamos que el árbol de la vida es el único que estaba en el medio del huerto, básicamente porque dos objetos no pueden estar en medio de algo al mismo tiempo, al menos no cuando se trata de un jardín y de unos árboles. Este detalle cobrará especial relevancia en el diálogo entre la varona y el ofidio del capítulo 3.

[3] Cuatro cabezas. Literalmente: “le-arba’áh rashim”.

[4] Algunos afirman que se trata del Nilo, y aunque este es sin duda un río principal, no se puede garantizar su identificación.

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