Bereshit 3:6 – ¿Por qué Adán y Eva pecaron en el huerto?

bereshit-comentario-genesis-061-bienvenidoalorigenhttps://bienvenidoalorigen.com/2019/04/09/bereshit-comentario-capitulo3-bereshit-3-6-por-que-adan-y-eva-pecaron-en-el-huertoBERESHIT 3:6
¿POR QUÉ ADÁN Y EVA PECARON EN EL HUERTO?


Bereshit/Génesis 3:6 – “Y la varona vio que el árbol era bueno para comer, y que él era agradable a los ojos, y el árbol deseado para hacerse sabio; y tomó de su fruto y comió, y dio también a su varón, que estaba con ella, y comió.


“Todo lo hizo hermoso en su tiempo.” Así expresa el autor de Qohélet/Eclesiastés cómo יהוה lo hizo todo. Y en efecto así fue, יהוה vio vez tras vez que su creación era buena, hermosa, incluso llegando al gran acto final el texto bíblico nos deja saber que esto fue así en grado superlativo, bueno en gran manera. El huerto de Eden/Edén era un lugar idílico, un paraíso en el que el hombre y la mujer vivían en paz con el Creador, con ellos mismos y con el otro y con toda la creación. Nunca jamás ha habido un momento como este en toda la historia de la humanidad. Profunda armonía, hermosura y bondad. Tanto es así que incluso llega a afirmarse, aunque alejándose de lo que las mismas Escrituras dicen, que el hombre y la mujer gozaban de un estado de inocencia, como si de dos recién nacidos se tratase. En definitiva, lo que éstas y otras palabras pretenden llegar a expresar es la pureza de un lugar como el huerto de Eden/Edén el día que יהוה lo plantó y puso en él al hombre que había moldeado, junto con su esposa, a la que edificó después.

Ante tal escenario no son pocos los que se preguntan, ¿por qué pecaron? ¿Cómo es posible que estando en el huerto, habiendo sido todo creado tan bueno y hermoso, el varón y la varona se corrompieran y desobedecieran al Creador?

Un texto bien conocido y que aporta mucha luz a este respecto se encuentra en la carta de Jacobo a los dispersos. En el primer capítulo les dice lo siguiente:


“Cada uno es tentado cuando es atraído y seducido por la propia concupiscencia. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, engendra pecado, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Jacobo 1:14-15, BTX4).


En estos dos versos Jacobo explica de manera magistral, todo el proceso que va desde la tentación hasta la muerte, y qué elementos intervienen durante el mismo. Es una descripción que esclarece enormemente lo que ocurrió en el huerto de Eden/Edén, como también lo que ocurre en cada uno de nosotros cuando somos tentados, y así responde a la pregunta que da título a este apartado: ¿por qué Adam/Adán y Havah/Eva pecaron en el paraíso?

Lo primero que Jacobo nos dice es que la tentación ocurre cuando la concupiscencia es atraída y seducida. Uno puede expresar que está siendo tentado justo en ese momento, cuando se siente atraído y seducido. De manera que, aunque la tentación es externa, como lo era la serpiente en el huerto, la concupiscencia es algo interno, algo que está presente en el ser humano. Podríamos decir que la tentación es un reclamo cuya finalidad es seducir y atraer lo que hay dentro de cada uno de nosotros. Por tanto, la concupiscencia es requisito indispensable para que tenga lugar la tentación, de lo contrario nada sería seducido y atraído. Luego, puesto que la varona fue tentada, es correcto suponer que tanto en ella, como también en el varón, había concupiscencia. Pero ¿qué es la concupiscencia?

La palabra griega que se ha traducido por concupiscencia es epithumía y su significado es:

EPITHUMÍA – G1939
ἐπιθυμία
De G1937; (específicamente por lo prohibido).
Se traduce por: codicia, codiciar, concupiscencia, desear, deseo, pasión.

Esta palabra aparece varias veces en el conjunto de escritos que reciben el nombre de Nuevo Testamento. En algunos pasajes tiene una connotación claramente negativa y se utiliza para referirse a los malos deseos (Romanos 6:12; Gálatas 5:16; Efesios 2:3; entre otros). Sin embargo la palabra concupiscencia no siempre se usa en ese sentido, sino que también aparece para expresar deseos sumamente positivos. Un excelente ejemplo de esto, son las palabras de Yehoshúa/Jesús que se encuentran en el evangelio de Lucas. Mientras celebraba la Pascua con sus discípulos, dijo:


“¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!” (Lucas 22:15, BTX4).


Aquí la palabra “deseado” es epithumeo (ἐπιθυμέω). Es de esta palabra que se deriva epithumía (ἐπιθυμία) y su significado es.

EPITHUMEO – G1937
ἐπιθυμέω
De G1909 y G2372; poner el corazón sobre, i.e. anhelar por (con derecho o de otra manera).
Se traduce por: anhelar, ansiar, codiciar, desear, deseo.

En otras palabras lo que nuestro Mesías Yehoshúa/Jesús dijo fue que tuvo concupiscencia de comer aquella pascua con sus discípulos. Sin embargo no se nos ocurriría pensar bajo ningún concepto que esto era algo malo, antes bien todo lo contrario, él tuvo un deseo realmente intenso de comer esa pascua antes de padecer. Luego, podemos ver claramente como en efecto la palabra epithumía también tiene un uso muy positivo.[1] Por tanto, la concupiscencia no es buena o mala en sí misma, sino que su calidad viene determinada por aquello que se desea. Cuando deseamos intensamente algo malo, como es por ejemplo arrebatarle al prójimo su posesión, entonces hablamos de un mal deseo. Pero cuando deseamos intensamente algo bueno, como es por ejemplo la venida de nuestro Mesías, entonces hablamos de un buen deseo. Y esta comprensión del verdadero significado de lo que es la concupiscencia es fundamental para entender cómo יהוה Elohim creó al varón y a la varona, dónde lo puso y qué fue lo que ocurrió en aquel huerto.

Tal y como hemos visto, puesto que la varona fue tentada, sabemos que había concupiscencia en ella, es decir, había deseos, y esto tanto en ella como en él, puesto que ambos fueron creados por יהוה y fue Él quien puso esos anhelos en ellos, por supuesto en su medida y para tuvieran un cauce correcto, pero al fin y al cabo, nadie más que su Creador pudo poner esos anhelos ahí. Además en las Escrituras encontramos al menos uno de esos anhelos de manera explícita. En el libro de Qohélet/Eclesiastés, su autor nos dice que יהוה puso eternidad en el corazón de ellos (Qohélet/Eclesiastés 3:11). Esto no se refiere a que el corazón del ser humano es eterno, sino que hay un anhelo, puesto por יהוה mismo, de eternidad. Y del mismo modo, hay otros anhelos como por ejemplo el de fructificar y multiplicarse, el de gobernar o el de comer que están implícitos en la bendición y mandato que encontramos en Bereshit/Génesis 1:28-29, que también fueron puestos por el Creador en lo más profundo del género humano.

Así pues, el varón y la varona fueron creados no sólo como seres pensantes sino también como seres anhelantes, y la presencia de estos deseos es lo que da respuesta a la pregunta con la que empezábamos. ¿Por qué Adam/Adán y Havah/Eva pecaron en el huerto de Eden/Edén? Pecaron debido a que fueron atraídos y seducidos por sus propios anhelos, y esos anhelos quedaron preñados y engendraron incredulidad ante la Palabra de יהוה y transgresión de la misma. Básicamente no sometieron sus deseos y pasiones, totalmente lícitos, dados por יהוה como bendiciones, a la voluntad de su Creador. Él puso ante ellos la muerte y la vida, el árbol del conocimiento bueno y malo y el árbol de la vida, y escogieron la muerte, creyendo que su anhelo de saber lo bueno y lo malo quedaría satisfecho, pero sabemos que no fue así. Y la concupiscencia, la manera en que la conducimos, es también la razón por la que nosotros pecamos. El Eterno también ha puesto anhelos y deseos en nuestros corazones. Pero Él quiere que sean satisfechos según su voluntad y ha puesto la muerte y la vida ante nosotros. ¿Qué escogemos? Recordemos que bajo la promesa de nuestro Padre, nos ha sido dado su espíritu para que podamos obedecer por medio de la fe en la esperanza que nos aguarda en nuestro Mesías.

Bienvenido al origen.


[1] Otras referencias donde epithumía tiene un uso positivo son Mateo 13:17; Lucas 17:22; 1 Timoteo 3:1; Hebreos 6:11; 1 Pedro 1:12.

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